Contra la falsa simetría de las tijeras. Una carta abierta mientras Irán resiste una guerra ilegal de agresión

Vijay Prashad

Estimadas y estimados amigos y colegas:

Estados Unidos e Israel lanzaron una guerra de agresión contra Irán en febrero de este año. Durante seis meses, misiles y bombas estadounidenses han caído sobre objetivos civiles y militares dentro del país. Se han atacado hospitales, escuelas, instalaciones energéticas y barrios residenciales. Las 168 alumnas asesinadas en Minab se han convertido en el terrible símbolo de esta guerra. La población iraní se ha visto obligada a vivir bajo la constante expectativa de otro ataque, mientras que las familias iraníes fuera del país soportan la peculiar agonía de presenciar la destrucción desde lejos. Esto se suma a tres años de genocidio israelí en Gaza, llevado a cabo gracias al implacable apoyo militar de Estados Unidos.

Irán no inició esta guerra. Estados Unidos e Israel la iniciaron. Irán está resistiendo un ataque armado contra su territorio y su pueblo. Ese hecho elemental debe determinar el momento, el lenguaje y las responsabilidades políticas de cualquiera que escriba sobre Irán en estos momentos.

Es en este contexto que leí su carta abierta a los presos políticos de Irán.

Entre ustedes se encuentran ex presxs políticxs (como Angela Davis) y un preso político actual (Mumia Abu-Jamal). He estado de acuerdo con muchos de ustedes en la mayoría de las grandes cuestiones de nuestro tiempo. Por supuesto, hay elementos de su carta con los que estoy de acuerdo, pero considero que, en este momento, esta carta desempeña un papel políticamente perjudicial. Justo cuando Estados Unidos e Israel están a la defensiva, esta carta puede generar el tipo de confusión política que oscurece la dinámica política real sobre el terreno: Irán tiene la ventaja estratégica, porque ha transformado la cuestión estadounidense-israelí (¿debería permitírsele a Irán tener armas nucleares?) en una cuestión iraní (¿debería Irán permitir el comercio sin obstáculos a través de sus aguas territoriales?). Este es el trasfondo de la claridad moral de la izquierda: la guerra de agresión que ha fracasado y que ha llevado tanto a Irán como a sus vecinos a un debate sobre la seguridad regional en lugar de la seguridad imperial.

Pero esta carta, procedente del Norte Global, ofrece el tipo de pretexto ideológico que tanto le gusta a Estados Unidos: si Estados Unidos ha perdido, entonces que hagamos que pierdan todas las partes y responsabilicemos a todas por igual.

La imagen central, las dos hojas de unas tijeras, es evocadora pero errónea. Sugiere que una de las hojas es la República Islámica y la otra Estados Unidos e Israel, con el pueblo iraní siendo cortado por ambos. El error de las tijeras no es simplemente que sus hojas sean desiguales. Consiste en que la imagen presenta al agresor y al agredido como fuentes paralelas del mismo peligro, despojándolos de la historia y la jerarquía que los conectan. El imperialismo estadounidense no es simplemente una forma de opresión más junto a otra. Es la fuerza que ha rodeado a Irán, devastado la región, armado a Israel, impuesto sanciones a toda una población y llevado ahora la guerra al territorio iraní. Su carta sitúa la agresión y su objetivo en el mismo marco moral.

Estados Unidos mantiene más de 900 instalaciones militares fuera de sus fronteras, impone sanciones a poblaciones enteras, financia y arma el genocidio israelí en Gaza, y ha destruido o desestabilizado un país tras otro. Irán, independientemente de las críticas que puedan hacerse a su sistema político, nunca ha iniciado guerras de agresión. El Estado surgido de la Revolución de 1979 no ha lanzado guerras de conquista, sino que, por el contrario, ha soportado la invasión de Irak instigada por Occidente, el cerco, las sanciones, el sabotaje, los asesinatos y ahora el ataque directo. Las dos hojas no son equivalentes. Una es la hoja de la guerra imperialista. La otra, con todas sus contradicciones internas, es el Estado y la sociedad que están siendo cortados.

El vacío

La carta abierta sostiene que existe una “falsa dicotomía entre imperialismo y antiimperialismo vacío”. Me llamó la atención el uso del adjetivo “vacío”.

En primer lugar, está la defensa real de Irán. El asesinato del comandante Qasem Soleimani en Bagdad, Irak, en 2020 marcó una etapa decisiva en la escalada que culminó con el ataque ilegal contra Irán en febrero de 2026. Soleimani fue el arquitecto de la estrategia de avance de Irán: construir un escudo defensivo a través de grupos armados proiraníes que atacaran a Israel y a las posiciones militares de EE. UU. desde el Líbano, Siria, Irak, Yemen, Palestina y otros países. Desde 2020, Estados Unidos e Israel actuaron sistemáticamente contra esa red tratando de destruir a Hamás, Hezbolá y Ansar Allah, y poner fin al uso de Damasco como base para muchos de estos grupos, y de Siria e Irak como corredores logísticos vitales desde Irán. Tras haber debilitado este escudo, Estados Unidos e Israel se sintieron envalentonados para atacar a Irán. Pero no contaron con que Irán había creado un mecanismo para atacar las bases estadounidenses en los Estados árabes del Golfo y que restringiría el acceso al estrecho de Ormuz.

El empleo de estos mecanismos por parte de Irán le otorgó una ventaja estratégica frente a Estados Unidos e Israel (este último posteriormente ha retrocedido del primer plano de esta guerra). El antiimperialismo de Irán no ha sido “vacío” en absoluto, sino que, de hecho, ha permitido al pueblo iraní proteger a su país de una toma de control imperialista. Se trata de una hazaña significativa que se celebra en todo el mundo anteriormente colonizado como uno de los reveses estratégicos más trascendentales sufridos por Estados Unidos desde su derrota en Vietnam en 1975. Las retiradas de Afganistán e Irak tienen un carácter diferente a esta ventaja estratégica alcanzada por Irán.

En segundo lugar, en 1979, los revolucionarios iraníes coreaban: “Hoy Irán, mañana Palestina”. De hecho, a pesar de la represión contra la izquierda en Irán inmediatamente después de la revolución y durante la formación de la República Islámica, el compromiso con Palestina se mantuvo firme. Irán nunca ha insinuado siquiera una normalización con Israel y, de hecho, ha sido contundente en su defensa de la causa palestina. Ningún otro país de la región se ha comprometido tanto con el movimiento de liberación palestino, y ninguno ha pagado un precio tan alto por ese compromiso.

¿Por qué Estados Unidos e Israel han estado obsesionados con Irán desde 1979? No por una cuestión de democracia (Irán tiene un sistema político electoral, aunque moldeado por el Consejo de Guardianes y con limitaciones a la participación política, al igual que las pretensiones democráticas de Estados Unidos se ven limitadas por el poder oligárquico, la exclusión racial y el dominio del dinero). Tampoco siquiera por una supuesta amenaza nuclear. La Agencia Internacional de Energía Atómica no ha demostrado que Irán cuente con un programa activo de armas nucleares, mientras que los dirigentes iraníes han declarado en repetidas ocasiones que las armas nucleares están prohibidas por motivos religiosos.

La razón por la que odian a Irán es porque es desafiante, y ese desafío incluye su posición a favor de la causa palestina.

Por supuesto, cada cual puede tener su propia opinión sobre Irán, pero calificar de “vacío” su antiimperialismo en este momento es inexacto.

Estados Unidos debe retirarse

La carta abierta concluye con dos exigencias: en primer lugar, que el Estado iraní debe “poner fin de inmediato a su práctica inhumana de la pena de muerte y el encarcelamiento”. La oposición a la pena de muerte, que comparto, no coloca a Estados Unidos e Irán en la misma posición histórica o política, ni justifica subordinar la exigencia inmediata de que el agresor ponga fin a su guerra a una condena general contra el país atacado. Durante este período de guerra ilegal de Estados Unidos contra Irán, Estados Unidos ejecutó a 19 personas mediante inyección letal, pero la carta no dice nada al respecto. Tampoco sobre el trato genocida que reciben los presos palestinos en las versiones israelíes de Guantánamo, como Sde Teiman, sobre la que Wesam Afifa ha escrito de manera tan conmovedora. La única afirmación al respecto es que Irán utiliza “la misma lógica de dominación” que Israel, una formulación ciertamente extraña.

Uno puede oponerse a la pena de muerte. Uno puede exigir el debido proceso y un trato humano para los presos. Uno puede escuchar atentamente a los trabajadores, las mujeres, las minorías y los activistas políticos iraníes. Pero la crítica interna no puede separarse de las condiciones concretas en las que se formula.

La segunda exigencia de la carta abierta es que Estados Unidos e Israel “deben poner fin a sus guerras bárbaras y a las sanciones brutales que, de manera consciente, devastan nuestras comunidades”. Estamos totalmente de acuerdo en esto. Pero la carta no está dirigida a Estados Unidos, sino a lxs presos iraníes. Esa es otra curiosidad de su formulación. Las personas firmantes son principalmente ciudadanos estadounidenses. ¿Por qué no escribirle a su propio gobierno?

La carta dedica la mayor parte de su energía analítica a construir una lógica carcelaria común, mientras que la exigencia dirigida contra los agresores imperialistas queda comprimida en su última frase. La condena formal de la guerra no desmonta la arquitectura política de la carta, que otorga un estatus paralelo a la guerra de agresión de Estados Unidos e Israel y al sistema carcelario iraní.

Frantz Fanon nos enseñó que las luchas anticoloniales no se desarrollan en condiciones elegidas por quienes las protagonizan. Los Estados sometidos a una amenaza permanente de invasión, sabotaje y cambio de régimen desarrollan profundas contradicciones internas, incluidas instituciones de seguridad que pueden volcar la coacción contra su propio pueblo.

Ustedes piden a la “sociedad civil global y a los activistas y organizaciones antiimperialistas” que “ejerzan presión sobre la República Islámica cuestionando su relato”. Es decir, en resumen, le están pidiendo a los pueblos del mundo que adopten una postura que debilitaría a Irán ahora, cuando se mantiene firme frente a la guerra de agresión.

Hay momentos para plantear exigencias y momentos para actuar en solidaridad. Este es el momento de la solidaridad con Irán, no el de hacer una afirmación que beneficie a los agresores imperialistas.

Queridas amigas y amigos, la neutralidad o un “tercer espacio” no existen en medio de una guerra de agresión. ¿Habríamos escrito una carta así al gobierno vietnamita en Hanói durante la guerra de agresión de Estados Unidos, o al gobierno cubano, que ahora enfrenta un terrible estrangulamiento por parte de Estados Unidos? ¿Por qué dirigir esta intervención contra Irán en este momento? ¿Por qué desafiar a Irán justo cuando tiene a Estados Unidos e Israel a la defensiva? ¿Es necesario pedir a Irán que sea perfecto antes de defender su derecho a sobrevivir?

En este momento, la solidaridad empieza con una exigencia clara: Estados Unidos e Israel deben poner fin a su guerra ilegal y deben retirarse.