No al Nuevo Macartismo Global


Este jueves 16 de julio de 2026, en Washington, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, encabeza la denominada «Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político», una cumbre que convoca a funcionarios de más de sesenta países de Europa, Asia y también de nuestra América, con el propósito declarado de «fortalecer la coordinación, ampliar el intercambio de información y reforzar la cooperación internacional en materia de seguridad» frente a lo que la administración Trump-Rubio ha bautizado como «terrorismo político de extrema izquierda».
No se trata de un ejercicio técnico ni de una preocupación legítima por la seguridad. Se trata de un acto político de la mayor gravedad, que busca institucionalizar, a escala planetaria, la persecución de los movimientos populares, de los partidos de izquierda y de los pueblos que se atreven a construir un camino propio. Ante este acontecimiento, declaramos:
1. No existe el «terrorismo de izquierda». Existe la criminalización de la política.
Catalogar a toda oposición política como «terrorismo» es un subterfugio profundamente peligroso. Cuando un Estado —y más aún, el Estado más poderoso y militarizado del mundo— decide que la disidencia, la protesta social, la organización obrera y la lucha por derechos son formas de «extremismo», ha dado el primer paso para vaciar de contenido la democracia misma. La categoría de «terrorista» deja de describir la violencia y pasa a designar, simplemente, a quien piensa distinto. Rechazamos de plano la pretensión de que la izquierda sea responsable del terrorismo y del extremismo, y denunciamos la absoluta falta de sustento de semejante afirmación, que ni datos, ni tribunales, ni evidencia alguna respaldan.
2. Nombrar a la izquierda como «extremista» y «terrorista» es fabricar el consentimiento para su criminalización.
Toda campaña de represión requiere primero de una campaña de difamación. Al instalar en la opinión pública la idea de que la izquierda es una amenaza, se prepara el terreno para lo que viene después: proscripciones, congelamiento de fondos, listas de «organizaciones terroristas extranjeras», detenciones, extradiciones y recompensas millonarias por la persecución de militantes. No es casualidad que, desde noviembre de 2025, Washington haya designado a organizaciones europeas como «organizaciones terroristas extranjeras» y ofrezca millones de dólares por información sobre sus finanzas. La palabra es el arma que precede a la cacería.
3. La difamación busca aislar a los pueblos de quienes luchan por soluciones reales.
Detrás de esta ofensiva hay un objetivo más profundo: separar a los pueblos del único campo político que lucha por resolver los problemas que padecen cada día. El hambre, el desempleo, la carestía, la falta de vivienda, de salud y de educación no son fenómenos naturales: son la expresión de la incapacidad estructural del capitalismo para satisfacer las necesidades de las mayorías. Al presentar a la izquierda como un enemigo, se pretende que los pueblos den la espalda precisamente a quienes proponen otra forma de organizar la vida. Difamar a la izquierda es, en el fondo, condenar a los pueblos a la resignación.
4. Esta cumbre se convoca en el marco de la recolonización del hemisferio.
No podemos leer esta «Ministerial» fuera de su contexto. Estados Unidos ejecuta hoy una exitosa reocupación del hemisferio occidental, habiendo asegurado gobiernos afines y subordinados en Honduras, Chile, Ecuador, Colombia, El Salvador, Panamá y Argentina. Asistimos al despliegue integral de una estrategia de coerción y control profundos sobre nuestra región —presión militar, guerra jurídica, asfixia económica y desestabilización política—, de la cual la vilipendio y la criminalización de la izquierda son parte integral. La cumbre de Washington no es un hecho aislado: es la dimensión ideológica y policial de una misma ofensiva imperial.
5. Es el renacimiento del macartismo, ahora a escala global.
Lo que Estados Unidos intenta es reunir a las fuerzas de derecha del mundo entero para instaurar un nuevo macartismo de alcance planetario. Se busca coordinar aparatos de inteligencia, cuerpos policiales y ministerios para vigilar, fichar y perseguir a militantes populares más allá de las fronteras. En un momento así, la unidad de la clase trabajadora es más importante que nunca. Frente a una internacional de la reacción, respondemos con la solidaridad internacionalista de los pueblos.
Denunciamos
Denunciamos esta cumbre como lo que verdaderamente es: un encuentro destinado a coordinar estrategias dirigidas a violar las soberanías nacionales y a preparar el terreno para un esfuerzo de gran envergadura orientado a subvertir las democracias y el derecho a la autodeterminación de los pueblos del mundo. Bajo la fachada de la cooperación «técnica» en seguridad —que reúne a funcionarios operativos y administrativos de países de Europa y Asia principalmente—, se articula una maquinaria de intervención en los asuntos internos de las naciones.
Condenamos la persecución de las fuerzas de izquierda en todo el mundo, la designación arbitraria de movimientos populares como «terroristas» y el uso de las capacidades represivas del Estado más armado del planeta contra quienes ejercen el legítimo derecho a la organización, la protesta y la lucha política.
Denunciamos la guerra cognitiva sostenida que Estados Unidos libra contra las fuerzas de izquierda en Venezuela y Cuba, países convertidos en blanco predilecto de la campaña de difamación —a Cuba se le ha llegado a calificar, sin prueba alguna, como supuesta «capital mundial del terrorismo de izquierda»—, mientras se le somete a bloqueos criminales, sanciones y agresiones que castigan directamente a sus pueblos.
Rechazamos la falsa equivalencia entre lucha política y violencia, y afirmamos que la única violencia real en este escenario es la del bloqueo, la del despojo, la de las ejecuciones extrajudiciales en el Caribe y la del cerco militar sobre nuestra Zona de Paz.
La historia enseña a dónde conduce el señalamiento de la disidencia como enemigo interno. No permitiremos que se repita. Convocamos a las organizaciones populares, sindicales, campesinas, estudiantiles, feministas y antiimperialistas del mundo a:
Nuestra América Latina y el Caribe es, y seguirá siendo, una Zona de Paz. La izquierda no es el crimen: es la esperanza organizada de las mayorías. Frente al nuevo macartismo global, oponemos la unidad, la dignidad y la lucha de los pueblos.
¡No al macartismo global! ¡En defensa de la izquierda y de la soberanía de los pueblos!
Asamblea Internacional de los Pueblos y Alba Movimientos