¡Feministas Antiimperialistas, Feministas con Cilia!


El escenario regional atraviesa una fase crítica de disciplinamiento imperialista y neocolonial. Asistimos a un despliegue coordinado de control militar, político, financiero y tecnológico sobre nuestros territorios, orientado a atacar la soberanía popular y subordinar la vida misma al mandato de las potencias hegemónicas y las corporaciones transnacionales.
Este escenario de reforzamiento imperialista se caracteriza por un despliegue explícito de la coerción, donde la militarización de la vida cotidiana y la proyección geopolítica de la fuerza abierta adquieren un protagonismo central. Además de mantener los mecanismos de dominación financieros y diplomáticos—particularmente en la cuenca del Caribe— se articula mediante la injerencia directa, la amenaza constante de invasión y la instrumentalización del relato del narcoterrorismo como una narrativa de chantaje político para quienes resistan el proyecto de sumisión neocolonial. La violencia política y el control armado sobre los territorios, así como la exigencia a las mujeres de retornar al rol de sumisión del “orden tradicional”, y el avance de doctrinas religiosas alineadas con las extremas derechas sobre el ámbito político y comunitario, no operan como anomalías, sino como la condición material indispensable para disciplinar a las poblaciones, desestructurar las resistencias locales y asegurar el control de los recursos estratégicos.
Todo esto se combina con un entramado de guerras híbridas con mecanismos de asfixia económica que ahogan a los Estados soberanos a través del uso político de deudas ilegítimas y medidas coercitivas unilaterales mal llamadas “sanciones”, que recaen directamente sobre los hogares, precarizan las condiciones laborales, e hipotecan la vida cotidiana y el futuro.
En esta encrucijada, resulta indispensable recuperar y fortalecer una mirada antiimperialista desde los feminismos, capaz de asumir la defensa innegociable de la vida y de los territorios frente a la represión y la violencia de Estado. Necesitamos avanzar en una praxis política que defienda la tierra y nuestros recursos estratégicos para ponerlos al servicio de un desarrollo centrado en las verdaderas necesidades de nuestros pueblos, en la preservación de nuestras culturas y en la construcción de una vida digna. La acumulación de movilización social y la potencia que el movimiento feminista supo construir en las calles durante las últimas décadas nos dan hoy la densidad analítica y la fuerza militante para interpretar este nuevo escenario regional. Sabíamos denunciar la precarización y las violencias en las comunidades; hoy esa misma gimnasia colectiva nos exige organizar la resistencia contra la agresión geopolítica, asumiendo que la autodeterminación popular, la soberanía sobre nuestros recursos y la solidaridad entre los pueblos son las premisas fundamentales de nuestra emancipación.
El 3 de enero marca un punto de inflexión insoslayable en este nuevo mapa regional: la invasión militar a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la primera combatiente y dirigenta política Cilia Flores aceleraron un dispositivo de intervención directa que dinamita el derecho internacional y la soberanía continental.
El secuestro de Cilia Flores no fue un exceso táctico de las fuerzas de ocupación, sino un acto deliberado de escarmiento político y de género. Mantener a una dirigenta histórica en condiciones inhumanas de encierro, hacinamiento y aislamiento, con un acelerado deterioro de su salud sistemáticamente negado por sus captores, es la plasmación más brutal de cómo el imperio ejercita la violencia política de Estado. Buscan quebrantar el cuerpo de una mujer que encarna la conducción de un proceso revolucionario para enviarle una señal de amedrentamiento a todo el continente: a quienes desobedecen la doctrina colonial se las castiga sin piedad y sin garantías. La violencia del bloqueo económico y de la militarización en los territorios se encarna de forma ejemplarizante en la prisión de Cilia.
Pero esta infamia no es nueva en la historia de nuestra América. La agresión sobre Cilia sangra en el mismo surco por donde corre la memoria de las hermanas Mirabal, masacradas por la dictadura trujillista por sostener la resistencia política. Conecta de forma directa con las miles de compañeras perseguidas, encarceladas y desaparecidas por el terrorismo de Estado en nuestra región, y se prolonga hoy en la bala del sicario y el lawfare contra las lideresas comunitarias y comunales, campesinas, sindicales y ambientales que defienden la tierra y la vida.
Frente a esta barbarie, nos erigimos sobre la tradición feminista más combativa de Nuestra América: la de aquellas mujeres que durante las décadas de 1970 y 1980 entendieron que la emancipación no se negociaba en los despachos del imperio, sino que se conquistaba junto a sus pueblos en la lucha de liberación nacional y en la resistencia activa contra la ocupación militar y las dictaduras.
Recogemos con profunda admiración el quehacer revolucionario de las mujeres venezolanas que aún hoy siguen haciendo comuna y sembrando resistencias y feminismo popular, así como la pedagogía revolucionaria de las mujeres cubanas, quienes nos enseñaron que la soberanía se defiende organizando el trabajo comunitario, la salud, la educación y la cultura, demostrando que la dignidad popular es la muralla más infranqueable contra cualquier agresión colonial. Hoy denunciamos que el cerco criminal ejercido por los Estados Unidos contra el pueblo cubano constituye un verdadero genocidio prolongado, un estrangulamiento planificado que pretende doblegar por el hambre y la escasez a una patria generosa que ha sido faro de solidaridad internacional.
En esa memoria viva aprendimos que la solidaridad feminista y antiimperialista no es un gesto moral abstracto, sino una praxis política, de clase y de combate. La solidaridad es la trinchera internacionalista que construimos para romper el cerco, para sostener la vida donde imponen la muerte, para exigir la libertad y para asumir que la agresión militar y financiera contra Venezuela o Cuba es una agresión directa contra todas las mujeres y pueblos de Nuestra América.
El jueves 8 de octubre el Tribunal Federal de Estados Unidos rechazó la solicitud de arresto domiciliario presentada por la defensa de la diputada y primera dama Cilia Flores. El juez Alvin Hellerstein, del Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, dictaminó que Flores permanezca detenida en el Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn. Esta decisión se basó en la postura de la fiscalía estadounidense, que alegó la existencia de riesgo de fuga debido a la estrecha relación de la primera dama con el gobierno venezolano. Esta situación, lo único que hace es vulnerar el derecho internacional, que fue violado desde el momento en que ella y el presidente fueron secuestrados. Cila necesita atención médica inmediata debido a su problema de salud ya que desde que ingresó a la cárcel perdió 11 kilos en cautiverio, sufrió episodios de taquicardia ventricular y fuertes dolores en el pecho, además de perder dos muelas y necesitar tomar cuatro medicamentos al día.
Las organizaciones feministas, populares y antiimperialistas nos convocamos a la acción y a la movilización permanente bajo las siguientes banderas:
¡Libertad inmediata para Cilia Flores y Nicolás Maduro!
¡Abajo la injerencia, los bloqueos y el control imperial en América Latina y el Caribe!
¡Por la liberación nacional y la solidaridad internacionalista de nuestros pueblos!