Elecciones de Brasil 2026: amenaza imperialista y alerta internacionalista


29 de septiembre de 2026
Las elecciones generales brasileñas de 2026 se llevarán a cabo en un momento de intensa contienda política, económica y geopolítica. El resultado de las urnas tendrá consecuencias que traspasarán las fronteras de Brasil y afectarán la correlación de fuerzas en América Latina y el Caribe y la capacidad de los pueblos de la región para defender su soberanía frente a la ofensiva imperialista.
Para la Asamblea Internacional de los Pueblos y ALBA Movimientos, es fundamental que las organizaciones populares de todo el mundo sigan este proceso con atención, solidaridad y espíritu internacionalista, y estén alertas para denunciar los ataques imperialistas y de la extrema derecha contra las elecciones y sus resultados.
La primera vuelta de las elecciones se llevará a cabo el 4 de octubre y en caso que haya, la segunda vuelta se realizará el 25 de octubre. Se elegirán presidente y vicepresidente, gobernadores, senadores, diputados federales, estatales y distritales. Más de 158 millones de votantes están habilitados para participar en las elecciones, de los cuales 1 millón residen en el extranjero.
Las elecciones brasileñas se llevan a cabo en medio del recrudecimiento de la ofensiva imperialista en América Latina y el Caribe, donde Estados Unidos busca reforzar su hegemonía económica, política, militar y cultural. Ante este escenario, las autoridades brasileñas y los expertos internacionales siguen alertando sobre la injerencia de Estados Unidos en la contienda electoral, que adopta diferentes dimensiones y se combina con: presión económica, que se ha vuelto particularmente evidente con el aumento de aranceles anunciado por el gobierno de Trump a partir de 2025, sobre las decisiones políticas brasileñas; apoyo político abierto de autoridades extranjeras a sectores de extrema derecha de la política brasileña (como en la visita del candidato Flávio Bolsonaro a la Casa Blanca en mayo de este año); el uso de grandes plataformas digitales y redes sociales que, al estar controladas por empresas privadas, pueden impulsar contenidos políticos específicos que benefician al bolsonarismo; y la dimensión psicológica de esta ofensiva, en la que la amenaza de sanciones, aranceles, aislamiento u otras medidas externas puede generar miedo e inseguridad en la población, con el objetivo de influir en las percepciones y los comportamientos electorales.
Varios hechos de conocimiento público ponen de manifiesto esta injerencia. En julio de 2026, las autoridades brasileñas denunciaron un intento de enviar funcionarios del gobierno de Trump al país para poner en duda la integridad del sistema electoral, mientras que el gobierno de EE. UU. afirmó que el objetivo de la visita sería discutir las elecciones y otros temas. Otro caso que se hizo público recientemente fue que, entre las 52 exigencias presentadas por el gobierno de Trump en las negociaciones para revertir los aranceles impuestos a Brasil en 2025, se encontraba la garantía de que los «disidentes políticos» pudieran postularse en las elecciones de 2026. El gobierno brasileño rechazó esta exigencia y afirmó que las cuestiones políticas, judiciales y de soberanía no formaban parte de la mesa de negociaciones. A esto se suman los ya mencionados aranceles impuestos por Estados Unidos a los productos brasileños y, además, las presiones relacionadas con sectores estratégicos de la economía y los recursos naturales, como las tierras raras, y los conflictos en torno a la soberanía regulatoria brasileña sobre las plataformas digitales y las grandes empresas de tecnología.
La injerencia del gobierno de Trump en los procesos políticos y electorales de Argentina, Honduras, Perú, Panamá, El Salvador, Ecuador, Colombia y Chile, entre otros países latinoamericanos, pone de manifiesto una estrategia regional de presión económica, política y diplomática para favorecer a las fuerzas alineadas con los intereses de Washington y limitar la soberanía de los pueblos latinoamericanos.
En 2026, la ofensiva adquirió una dimensión regional aún más explícita, evidente en el caso del secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y de la diputada y primera dama Cilia Flores, el 3 de enero de 2026, quienes permanecen ilegalmente detenidos en Estados Unidos. Trump afirmó recientemente, en la Asamblea General de la ONU, que esta política de predominio de Estados Unidos en el hemisferio occidental fortalece al mismo tiempo una coalición regional de gobiernos alineados (de extrema derecha) con Washington. No podemos tratar la injerencia estadounidense como un episodio circunstancial; debemos seguirla de cerca, denunciarla y estar preparados para responder colectivamente a nuevas formas de presión, desestabilización e intervención antes, durante y después de las elecciones en Brasil.
En el plano interno, las elecciones brasileñas se desarrollan en un contexto de profunda polarización y fragmentación social. En la contienda presidencial, existe un enfrentamiento entre el campo liderado por Luiz Inácio Lula da Silva, en una amplia alianza de sectores democráticos que van desde la izquierda hasta el centro, y la extrema derecha asociada al bolsonarismo, con el candidato Flávio Bolsonaro, hijo de Jair. Las encuestas de intención de voto indican un empate técnico entre ambos, tanto en la primera como en la segunda vuelta, lo que significa que la diferencia registrada en las intenciones de voto es lo suficientemente pequeña como para que, considerando el margen de error, no sea posible afirmar con certeza que uno de ellos esté a la cabeza. Este escenario repite la división observada en las elecciones de 2018 y 2022 (cuando la diferencia fue de apenas el 1 % o 2 millones de votos para la victoria de Lula). Además de estas dos, hay otras 11 candidaturas, de las cuales 7 son de derecha (que en conjunto representan el 17 % de las intenciones de voto) y 4 de izquierda (que sumadas alcanzan el 1 % de las intenciones de voto).
Los votantes de Lula se concentran entre los más pobres (hasta dos salarios mínimos), las mujeres, la población negra, las personas mayores de 60 años y los habitantes de la región nordeste de Brasil. Los votantes del bolsonarismo son, en su mayoría, hombres, blancos y trabajadores de clase media (con ingresos superiores a cinco salarios mínimos). Por su parte, el «factor de abstención» corresponde al 25 % de los votantes y pertenece a la base social natural de la izquierda (trabajadores pobres), pero que muestran cierta apatía y cansancio ante la polarización política y aún buscan una «tercera vía». Ganarse a este sector es vital para la victoria en las elecciones presidenciales. Al mismo tiempo, vale la pena recordar que la contienda por la presidencia representa solo una parte de una batalla más amplia por la correlación de fuerzas en el Congreso Nacional, en los gobiernos estatales y en las asambleas legislativas estatales y del Distrito Federal, que hoy cuentan con una mayoría de derecha y se prevé que esto se mantenga.
En la caracterización del bolsonarismo, se destaca su alineamiento incondicional con la extrema derecha internacional, en especial con el gobierno de Trump y los EE. UU., y con el sionismo. Además, promueven una flexibilización de los derechos laborales y sociales; privatizaciones; encarcelamiento masivo; método represivos; liberalización del uso de los bienes comunes; e incentivo a la violencia contra las luchas y organizaciones populares de izquierda.
Los partidarios de Lula y del Partido de los Trabajadores son quienes valoran positivamente los programas sociales y que, históricamente, conforman el campo progresista; sin embargo, esto no se traduce en una base social organizada. También vale la pena destacar que, a pesar de su importancia histórica, el Lula de hoy enfrenta dificultades en la coordinación política de su campaña y la percepción de que su candidatura carece de propuestas para el futuro, limitándose a una defensa de las «instituciones» que ya no entusiasma a una sociedad agotada.
Brasil atraviesa un período de intensa inestabilidad política e institucional que converge en el actual proceso electoral y en la contienda entre la izquierda y la derecha. Para comprender este fenómeno, hay que remontarse a 2013, cuando se desencadenó una inestabilidad sistémica que aún acorrala el futuro del país. En ese año, lo que comenzó como una protesta por las tarifas de autobús se transformó en una furia «antisistema» que socavó la legitimidad de las instituciones políticas y allanó el camino para una erosión democrática. Entre los hechos relacionados se incluyen un golpe de Estado, en 2016, contra una presidenta elegida democráticamente, Dilma Rousseff, y el encarcelamiento político e ilegal de Lula en 2018, año en el que se le impidió postularse a las elecciones y Jair Bolsonaro terminó siendo elegido. Hoy, Brasil enfrenta la crisis institucional derivada de ello, con una derecha capaz de movilizar a las calles y con los tres poderes operando en un estado de beligerancia, alimentando una polarización que ha transformado al país en un laboratorio para la extrema derecha.
“Por lo tanto, la contienda de 2026 debe entenderse más allá del resultado electoral inmediato. La capacidad de defender la soberanía nacional, los derechos sociales, la democracia y las organizaciones populares dependerá también de la fuerza organizada de la sociedad brasileña y de la capacidad de construir una correlación de fuerzas capaz de sostener los logros obtenidos, incluso al día siguiente de una posible victoria de Lula.»
Está en juego el futuro de la correlación de fuerzas en América Latina y la posibilidad de abrir o cerrar un espacio político que favorezca la reorganización y el fortalecimiento de la clase trabajadora y de las organizaciones populares. Sin embargo, la construcción de ese espacio será aún más difícil ante un posible avance de un proyecto bolsonarista de carácter represivo, que tiende a bloquear las condiciones de organización y forma parte del bloque de extrema derecha en la región y en el mundo. Por lo tanto, el desafío para la izquierda brasileña radica en la capacidad de mantener los logros y avanzar en la defensa de la soberanía nacional, los derechos sociales y la democracia, y dependerá de la fuerza organizada, de la capacidad de promover logros y defenderlos, incluso al día siguiente de las elecciones de octubre.
Ante este escenario, la Asamblea Internacional de los Pueblos y ALBA Movimientos convocan a las organizaciones populares, sindicatos, partidos, movimientos, colectivos y fuerzas progresistas de todo el mundo a acompañar atentamente el proceso electoral brasileño, a través de:
1. La vigilancia del proceso electoral y la lucha contra la desinformación: realizar un seguimiento antes, durante y después de las elecciones, prestando atención a los intentos de desestabilización, las amenazas al orden democrático, la violencia política, las campañas de desinformación y los intentos de cuestionar o subvertir los resultados electorales.
2. Denuncia de cualquier forma de injerencia imperialista: estar atentos y denunciar públicamente cualquier intento de injerencia extranjera que busque condicionar las decisiones soberanas del pueblo brasileño o utilizar instrumentos económicos, políticos, tecnológicos o mediáticos para intervenir en el proceso nacional.
3. Solidaridad con las organizaciones populares brasileñas: mantener la comunicación con las organizaciones brasileñas de la AIP y del ALBA, dar seguimiento a las evaluaciones realizadas por estos movimientos y organizaciones populares, y estar preparados para responder a los llamados de solidaridad ante cualquier intento de ruptura democrática o de ataque.
Las elecciones brasileñas de 2026 no solo conciernen a Brasil. Lo que está en juego también involucra los rumbos de América Latina y Caribe frente a la ofensiva imperialista, la soberanía de los pueblos y la construcción de relaciones de solidaridad y cooperación entre el Sur Global. El día de las elecciones, debemos estar al lado del pueblo brasileño, acompañando el proceso, defendiendo la soberanía nacional y atentos a cualquier intento de impedir la voluntad expresada en las urnas.
El internacionalismo es la bandera más hermosa de nuestra tradición socialista y será fundamental para la victoria y la resistencia en Brasil.
Asamblea Internacional de los Pueblos y de ALBA Movimientos